12/7/15

Canciones y Poemas para pensar la Afrodescedencia en la Argentina

Durante mucho tiempo, los afrodescendientes fueron invisibilizados, ninguneados, silenciados. Lejos de constituirse en pasado, son presente y futuro. A continuación, les traemos poemas y canciones de Casildo Gervasio Thompson, Jorge Luis Borges, Juan Cárlos Cáceres y Antonio Tarragó Ros como una forma de rendirles un homenaje.

CANTO AL ÁFRICA (1878)
[Casildo Gervasio Thompson nació en Buenos Aires en 1856. Fue uno de los poetas afroargentinos más destacados. También se desempeñó como militar, al igual que su padre Casildo Thompson (1826-1873). El poema “Canto al África” fue escrito en marzo de 1878 y leído por el autor el 1 de abril de este año en una conferencia en la Sociedad de Fomento de las Bellas Artes. Murió en Buenos Aires en 1928]

Bajo un cielo fulgente
De límpido color, con blancas nubes
Como tejidas alas de querubes;
Cielo con millones de luceros
Que refulgen en noche de embelesos,
Con amante porfía
Acariciando la tierra con sus besos;
Bajo un sol de flamígeros colores
Que ilumina el espacio en rayos de oro,
Con un aire de aromas y un tesoro
En rubíes y perlas de sus flores,
Hay una tierra virgen que fué cuna,
Por duelo o por fortuna,
De una raza que es mártir por su historia.

Raza digna de gloria
Porque es noble y activa
Como el león que entre la selva mora,
Y que en acerba hora
Arrastróla al abismo de la infamia,
Y sin temblar, la fraticida mano
De un bárbaro Caín, cruel inhumano...
¿Sabéis cómo se llama
Esa tierra divina y bendecida,
Esa joya que al mundo Dios legara,
Esa púdica virgen ofendida
Que humillada descuella?
Se llama África, sí, Africa Bella!

Es la cuna del negro: esa es la patria
Del eterno proscrito que llora
Y lejos de sus lares
Eleva en patria extraña voz sonora
Entonando el cantar de los pesares.
Del negro ésa es la cuna;
Del paria universal. El sol ardiente
Que besó en la niñez su altiva frente
También le vio partir con triste duelo,
Con planta ensangrentada,
Arrastrando el dogal, mirando el cielo,
Testigo de su afrenta y del vil sello
Que un verdugo feroz le puso al cuello.

Esa tierra, la imagen seductora
De un perdido paraíso de delicias,
De luto se cubrió, desde la aurora
Al ocaso del sol de muchos siglos.
Sus hermosas riberas
Que poblaron ayer barcas ligeras;
Sus márgenes risueñas y floridas,
Sus bosques y sus selvas, adolidas
Veláronse la face...

¿Sabéis lo que sucede y por qué triste
La bellísima virgen africana
Sus galas se desviste
Y no ostenta sonrisa de sultana?
Porque sonó una hora, ¡hora maldita!
De oprobio y de vergüenza en que una grita
Que dijo: ¡Esclavitud! se oyó en los aires,
Y del callado valle al mar airado,
Desde la altiva cumbre al bajo prado
Una fiera sedienta
Que se llamó hombre blanco,
El seno desgarró al África virgen
Con avidez brutal, saña sangrienta.

A contar de aquel día
De lágrimas y duelo,
No brillaron los rayos en el cielo
Del sol de la justicia.
El tronco del baobab que fué la cosa
De cien generaciones,
Hogar que dio Natura generosa
Y respetaron tigres y leones
De la selva africana,
Cayó al golpe del hacha del verdugo;
Y porque a éste plugo
Entre ayes salió el niño y la doncella
De labios de color y ojos de fuego,
Del chispeante mirar y voz de ruego,
Y universal clamor se oyó en los aires
Que atravesó la nube y llegó al cielo
Demandando piedad para aquel suelo.
El cielo estaba sordo;
Ni aun el grito del párvulo inocente,
Que en todo humano pecho encuentra eco,
El corazón del blanco halló clemente.
La plegaria sentida
Que los maternos labios balbucearan
Oyó frío, insensible, el homicida.
Aquella humana fiera}quiso que el débil niño
en los benditos brazos de su madre
los golpes de su látigo sufriera.

¡Ah! déspota y cruel; él es el amo
que concede la vida y da la muerte,
que no conoce ley, débil ni fuerte,
ni aquel Dios justiciero
que ve la iniquidad y es juez severo.
Así le vió llegar el hombre negro
al umbral secular de su morada,
santuario eterno de tranquilidad dicha
por nadie profanada.
Y al mirarle ante sí amenazante
con el hierro en la diestra,
se inclina suplicante.

Pretendiendo calmar su ira siniestra
eleva, pues, la voz con dulce ruego
mientras surca su faz llanto de fuego
que conmoviera acaso hasta a las fieras.
“Detente - el negro dice -, esta es la choza
do se anima el recuerdo de una esposa
que perfumó de amor la vida mía
y fue luz de mis ojos
que extinguirá su brillo en mi agonía.
Detente por piedad: aquí nacieron
dos trozos de mi alma
que me inundaron en bendita calma;
dos estrellas, dos perlas, mis dos hijos,
que dan nervio a mi fuerza ya abatida
y en su raudal de amor me infunde vida”.
Pero el blanco inhumano
sonriendo con desprecio, el pie adelanta.
“Detente - el negro implora- , que tu planta
respete el templo humilde de mi dicha”.
Y el blanco inexorable,
fustigando del negro el rostro bravo,
le dice con desdén intolerable:
“Aparta negro vil, aparta, esclavo!...”
¡Ah! maldito, maldito por mil veces
seas, blanco sin fe; tu cruel memoria
sea eterno baldón para tu historia
que deshonre a los hijos de tus hijos,
y lleven en la frente
la mancha de la infamia que tú hicieras,
cual lleva el negro eternamente
las heridas del alma que le abrieras.
Maldito seas, sí, que hasta te arroje
de su seno la tierra,
porque fuiste su aborto y fue tu vida
signo de cruda y fratricida guerra.

Más, ¡no! cese la ira,
su misión el poeta no realiza
del odio en la región y de su lira
sólo es dulce el acorde melodioso
si de la paz la oliva simboliza,
y es el amor el numen
do va a beber la inspiración divina
que, cual voz de sirena peregrina,
traiga a los seres en el mundo extraños
a la región de luz do el odio cesa
y de fraternidad la aurora empieza.

Hay en el cielo nubes de oriflama:
aparece una aurora esplendorosa
entre velos de nácar y de rosa,
presagiando un radiante y nuevo día.
Se siente en el espacio una armonía
cuyo eco celestial arroba el alma
en éxtasis divino:
Tan dulce es su rumor, tan peregrino.
La selva se estremece, el mar suspira;
y en esas ondas de cristal y nieve
el cielo azul se mira
como mujer coqueta en terso espejo.
De las flores de vírgenes praderas
al sollozo del aura estremecidas,
del embriagador aroma...
surgen olas ligeras...
¿Sabéis lo que sucede?
¿Sabéis por qué Natura conmovida
el tesoro descubre do se anida?
Porque viene ya el sol que África espera;
el sol que al oprimido y al esclavo
una voz de profeta predijera,
el sol de Redención; sonó la hora
en el cuadrante eterno del destino;
ya en nombre del amor se dan las manos
esclavos y tiranos
y libres y oprimidos;
pues la igualdad, de la Justicia hermana,
los quiere en un abrazo confundidos.

MILONGA DE LOS MORENOS (1960)
[Jorge Luis Borges]

Alta la voz y animosa
como si cantara flor,
hoy, caballeros, le canto
a la gente de color.

Marfil negro los llamaban
los ingleses y holandeses
que aquí los desembarcaron
al cabo de largos meses.

En el barrio de Retiro
hubo mercado de esclavos;
de buena disposición
y muchos salieron bravos.

De su tierra de leones
se olvidaron como niños
y aquí los aquerenciaron
la costumbre y los cariños.

Cuando la patria nació
una mañana de Mayo,
el gaucho sólo sabía
hacer la guerra a caballo.

Alguien pensó que los negros
no eran ni zurdos ni ajenos
y se formó el Regimiento
de Pardos y de Morenos.

El sufrido regimiento
que llevó el número seis
y del que dijo Ascasubi:
"Más bravo que gallo inglés".

Y así fue que en la otra banda
esa morenada, al grito
de Soler, atropelló
en la carga del Cerrito.

Martín Fierro mató a un negro
y es casi como si hubiera
matado a todos. Sé de uno
que murió por la bandera.

De tarde en tarde en el Sur
me mira un rostro moreno,
trabajado por los años
y a la vez triste y sereno.

¿A qué cielo de tambores
y siestas largas se han ido?
Se los ha llevado el tiempo,
el tiempo, que es el olvido.

LA VIDA Y LA LIBERTAD
[Chamamé]
Letra: Marilí Morales Segovia
Música: Antonio Tarragó Ros

Retumba cambá tambor
la guerra en el Paraguay
negro carne de cañón,
sin patria y sin libertad.

El negro quiere vivir
y está obligado a matar
El llanto se le secó,
esclavo de Portugal.
La vida y la libertad.

Sobre el horizonte gris
de muerte en el Paraguay
al fin terminó el horror
y crece un cielo de paz.

Cruzá chamigo el tambor,
cruzá el Río Paraná
Herida barca de luz
que hay cielo dónde soñar
la vida y la libertad.

Candombe y milagro son
En el barrio “Cambá Cuá”
Para que unamos las dos
La vida y la libertad.

TOCÁ TANGÓ
[Candombe]
Letra y Música: Juan Carlos Cáceres

¡Tocá tangó. Tocá tangó!
Dicen los negros con el tambor.
¡Tocá tangó. Tocá tangó!
¡Mandinga viene, viva Xangó!

En Retiro los marcaban
pa’llevarlos al Potosí
y allí mismo iban qudando
con su mancha carmesí.

Por Córdoba y Tucumán
iban todos a sufrir
hacia el norte los llevaban
a las minas a morir.

¡Tocá tangó. Tocá tangó!
Dicen los negros con el tambor.
¡Tocá tangó. Tocá tangó!
¡Mandinga viene, viva Xangó!

En Buenos Aires se quedaban
pa’el servicio o a pedir
o en oficios denigrantes
iban muchos sin dormir.

Cuando fue la Revolución
a la guerra los mandaron
muchos de ellos regresaron
sin un brazo o sin razón.

¡Tocá tangó. Tocá tangó!
Dicen los negros con el tambor.
¡Tocá tangó. Tocá tangó!
¡Mandinga viene, viva Xangó!

El negro tocaba el cuero
pa’olvidarse de sus penas
o reirse de su suerte
candombeando sin problemas.

El negro tuvo su gloria
cuando vino Juan Manuel
pero le duró muy poco
porque todo se fue con él.

Borocotó, borocotó,
chas, chas.

[Puede encontrarse más información en los siguientes sitios: http://www.misibamba.org/
- http://estudiosafroargentinos.blogspot.com.ar/]

[Se agradece la colaboración al compañero Luciano Acosta]

No hay comentarios:

Publicar un comentario