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6/12/12

La vida cotidiana en las trincheras

Carta del soldado inglés Laurie Rowlands a su esposa (1)
[Ypres, Febrero de 1918]

Cariño mio... Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo acerca de lo que ocurre aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta... ¡Si alguna autoridad la ve! (...)

Por supuesto que ya habrás adivinado en qué lugar tuve mi primera experiencia en el frente. Sí, fue en el Saliente de Ypres. Oh, fue un adorable “bautismo de fuego” esa noche. Nos atrincheramos y temprano en la mañana Fritz empezó a atacar.

Oh Señor, si alguna vez un camarada estuvo asustado, absolutamente aterrado, ese fue este niño. En determinado momento uno de los de mi sección tuvo un shock cuando uno grande cayó a un par de yardas del parapeto y entonces el instinto de líder, o de quien está obligado a liderar, emergió y me volví tan frío y firme como una roca. Tenía doce hombres de ida, volví con tres. Oh, fue espantoso.

Quizá te gustara saber como está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia pilla esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a ninguno le queda nada de lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania tiene Alsacia, Bélgica o Francia.

Lo único que quiere todo el mundo es acabar con esto de una vez e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado en los últimos meses te dirá lo mismo. De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar como sea. Ahora ya sabes el estado real de la situación.

Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, solo me queda el pensar en todos los que estáis allí, todos a los que amo y que confían en mí para que contribuya al esfuerzo necesario para vuestra seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para aguantarlo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no es algo que ocupe ni uno entre un millón de todos los pensamientos que ocupan las mentes de los hombres aquí.

Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mio porque continuaré hasta el final, sea bueno o malo, con mis afectos, siempre primeros en mis pensamientos y preocupaciones, mi guía y estímulo.

Au revoir cariño mío y que Dios te mantenga a salvo hasta que termine la tormenta, con todo el profundo amor de mi corazón. Tu querido, Laurie.

Carta de un soldado francés (2)
[Verdún, marzo de 1916]

"Esos tres días pasados encogidos en la tierra, sin beber ni comer: los quejidos de los heridos, luego el ataque entre los boches (alemanes) y nosotros. Después, al fin, paran las quejas; y los obuses, que nos destrozan los nervios y nos apestan, no nos dan tregua alguna, y las terribles horas que se pasan con la máscara y las gafas en el rostro, ¡los ojos lloran y se escupe sangre!, Después los oficiales que se van para siempre; noticias fúnebres que se transmiten de boca en boca en el agujero; y las órdenes dadas en voz alta a 50 metros de nosotros; todos de pie; luego el trabajo con el pico bajo las terribles balas y el horrible ta-ta-ta de las ametralladoras".

Diario de guerra del doctor Marcel Paisot (2)
[Verdún, febrero y marzo de 1916]

Viernes 25:

El ejército de 250.000 a 300.000 hombres bajo el mando del comandante Kronprinz se precipita sobre nuestras trincheras que defienden Verdún. Hasta ahora no aparecemos. Hay que soportar el golpe sin decaer. Nuestras tropas han cedido terreno bajo la avalancha de hierro de la gran artillería y bajo la impetuosidad del ataque. Los comunicados de Berlín, muy tranquilos, dicen que las líneas francesas han sido destruidas ya sobre un frente de 10 Km. sobre una profundidad de 3 Km.

Las pérdidas son inmensas en ambos lados. Nosotros habíamos perdido 3.000 prisioneros y una gran cantidad de material. Nuestros comunicados, muy sobrios, indican que hemos debido ocupar las posiciones de repliegue, pero que nuestro frente no había sido hundido.

Miércoles 29:

La batalla de Verdún, la más larga y la más espantosa de la historia universal, continúa. Los alemanes, con una tenacidad inaudita, con una violencia sin igual, atacan nuestras líneas que machacan y roen (…). Nuestros heroicos soldados están bien a pesar del diluvio de acero, de líquidos inflamables y de gases asfixiantes.

(1) BBC.
(2) Prats, J., Historia del Mundo Contemporáneo, Anaya, Madrid, 1996, p. 60.