¿En qué contexto internacional se dio la Última dictadura militar?
- Guerra Fría: Durante la Guerra Fría, el mundo estaba dividido en dos bloques liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Argentina, al igual que otros países de América Latina, se vio influenciada por la lucha ideológica entre estas dos superpotencias. Estados Unidos tenía una larga historia de apoyo a regímenes militares en América Latina, en parte como respuesta a la preocupación por la expansión del comunismo en la región. Esto influyó en el comportamiento de las autoridades estadounidenses frente al golpe en Argentina.
- Guerra Fría: Durante la Guerra Fría, el mundo estaba dividido en dos bloques liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Argentina, al igual que otros países de América Latina, se vio influenciada por la lucha ideológica entre estas dos superpotencias. Estados Unidos tenía una larga historia de apoyo a regímenes militares en América Latina, en parte como respuesta a la preocupación por la expansión del comunismo en la región. Esto influyó en el comportamiento de las autoridades estadounidenses frente al golpe en Argentina.
- La influencia de la Revolución cubana: los grupos revolucionarios argentinos se vieron muy influenciados por el ejemplo de la revolución, muchos cuadros viajaron a la isla, donde recibieron formación política y militar. Los cubanos apoyaron la instalación de distintos focos insurgentes en América Latina (el más conocido, en Bolivia, donde murió el Che). La revolución cubana fue muy atrayente porque era el ejemplo de una revolución triunfante.
- Creación del Plan Cóndor: Durante este período, varios regímenes militares de América Latina, incluida Argentina, establecieron la llamada Operación Cóndor, una red de cooperación entre servicios de inteligencia para perseguir y eliminar a opositores políticos en el extranjero. Esto permitió la coordinación de esfuerzos represivos a nivel regional.
- La crisis del petróleo de 1973: fue un evento que se desencadenó cuando los países árabes miembros de la OPEP impusieron un embargo petrolero a Occidente en respuesta al apoyo de estos países a Israel en la Guerra del Yom Kippur, lo que resultó en una escasez de petróleo y un aumento significativo en los precios del crudo. Esto tuvo graves consecuencias para los estados occidentales, incluyendo una inflación significativa, recesiones económicas, crisis energéticas y una mayor conciencia sobre la dependencia del petróleo extranjero, lo que llevó a políticas de conservación de energía y diversificación de fuentes de energía.¿Cuáles fueron las causas y consecuencias de la Última Dictadura Cívico Militar Argentina?
Causas:
- Inestabilidad económica: El país enfrentaba una crisis económica y social que incluía inflación, desempleo, conflictos laborales y agitación política. Esta situación creó un clima de inestabilidad que contribuyó a la justificación del golpe militar como una forma de restaurar el orden.
- Radicalización política: Argentina había experimentado un período de creciente polarización política en la década de 1970, con una creciente violencia entre grupos guerrilleros de izquierda y organizaciones paramilitares de derecha. Esta violencia política exacerbó las tensiones en la sociedad y proporcionó un pretexto para el golpe militar.
- Intervención de las Fuerzas Armadas: Las Fuerzas Armadas de Argentina expresaron su "preocupación" por la agitación política y social y argumentaron que era necesario intervenir para "pacificar" el país y restablecer el orden.
- Apoyo de sectores empresariales: Sectores empresariales y ciertos grupos de la sociedad civil apoyaron la intervención militar como una forma de poner fin a la agitación y estabilizar la economía.
Consecuencias:
- Violaciones de derechos humanos: La dictadura militar en Argentina se caracterizó por graves violaciones de derechos humanos, que incluyeron detenciones ilegales, torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales. Se estima que miles de personas fueron víctimas de estas atrocidades.
- Censura y represión de la libertad de expresión: Se impuso una fuerte censura a los medios de comunicación y a la libertad de expresión. Muchos periodistas y artistas fueron perseguidos y censurados.
- Desaparecidos: La dictadura militar dejó un legado doloroso de "desaparecidos", personas secuestradas por el gobierno y cuyo paradero aún se desconoce. Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en un símbolo de la lucha por la verdad y la justicia.
- Transición a la democracia: La presión internacional y la resistencia interna llevaron a la caída de la dictadura en 1983. Argentina recuperó la democracia y comenzó un proceso de verdad y justicia para esclarecer los crímenes de la dictadura.
- Juicios y condenas: En años posteriores, se llevaron a cabo juicios contra los responsables de violaciones de derechos humanos durante la dictadura, lo que resultó en algunas condenas significativas.
>> Recurso >> Dictaduras Latinoamericanas: Argentina
>> Recurso >> Historias innecesarias: Dictadura militar
%%%
¿Qué es el terrorismo de Estado?
Se entiende por terrorismo de Estado a la utilización por parte del gobierno en funciones de prácticas ilegítimas e ilegales, violatorias de los Derechos Civiles y de los Humanos, mediante las cuales causar terror, miedo y sometimiento sobre la población civil. Para justificar este accionar, se alegan razones de seguridad de Estado.
En otras palabras, se trata de un gobierno que emplea los recursos del Estado para ejercer violencia sobre su propia población. Dichas acciones violentas incluir las amenazas y represalias, el hostigamiento mediante las fuerzas de orden público, pero también el encarcelamiento, la desaparición forzosa o la tortura.
El objetivo es imponer un orden o una ideología específica en la población, obligándola a la obediencia absoluta. Es clave en la definición del terrorismo de Estado este empleo criminal del aparato del Estado en contra de sus ciudadanos. Bajo ninguna circunstancia se encuentra justificado, ya que precisamente a las fuerzas del Orden Público se les reserva el monopolio de la violencia, pero siempre bajo la obligación de usarla conforme a las leyes.
>> Recurso >> Entrevista a Madres y Abuelas en Plaza de Mayo en 1978
>> Recurso >> Diez cosas que no sabias de "Argentina, 1985"
%%%
Estudio de casos: los secuestros de la fábrica Ford
Carlos Gareis entró en la Ford en 1962. Fue delegado de su sector durante cuatro o cinco años hasta el año 1972. Carlos trabajaba en la Ford cuando la producción del estampado se hacía con estaño. Hasta ese momento, el procedimiento provocaba enfisema pulmonar porque no usaban máscaras y el estaño entraba por todos lados. Esa era la manera de hacerlo hasta que las cosas lograron ser mejoradas con los reclamos y la organización.
Luego de dejar su mandato como delegado, continuó en el mismo sector. Dentro de la fábrica, él cumplía turno tarde/noche. Días después del golpe de 1976, el 12 de abril, fue secuestrado en su sector de trabajo por un grupo de militares. Ese día se le acercó un capataz y le dijo que tenía que ir a la oficina. Mientras se lo llevaban al quincho sus compañeros empezaron a canturrear y a pedirles a los militares que lo suelten. ¡“Sueltenlo! ¡Lárguenlo!”, decían. Pero estos le dijeron: "Acá tenés dos opciones: o les decís que sigan trabajando o sos hombre muerto".
El quincho de la planta de Pacheco funcionó como centro ilegal y transitorio de detención. Los secuestrados permanecieron ahí antes de ser derivados a otros lugares. Carlos estuvo desde las seis o siete de la tarde hasta cuando “clareaba”. Durante la noche le pegaron patadas le pusieron alambres y capucha. Al día siguiente, lo llevaron a la comisaría de Tigre, donde también lo golpearon. Ahí vio gente de otras fábricas de zona norte, como Astarsa y Terrabusi. Estuvo como 30 o 40 días incomunicado. Después lo llevaron a Devoto. Y después a la U9 de La Plata y lo largaron a mediados de 1977.
Una de las recurrencias en las causas sobre la complicidad de las empresas con la dictadura es el componente gremial de los secuestrados. Los secuestros en la Ford se produjeron por “oleadas”. Comenzaron el 24 de marzo y se extendieron durante unos dos meses. Se sabe, a la hora del golpe muchos eran integrantes de las comisiones internas de las plantas o estaban muy cerca de esas comisiones. La mayor parte eran comisiones combativas enfrentadas a la burocracia sindical. Para graficar esta complicidad, hay un dato escalofriante aportado por varios trabajadores de la época. Antes del golpe, los integrantes del Ejército comían en las instalaciones de la Ford. Llegaban con tickets de comedor provistos por la empresa como el resto de los empleados.
>> Recurso >> Los secuestros de la fábrica Ford
>> Recurso >> Archivo oral, reconstrucción y testimonios de la Causa Ford
>> Recurso >> Los secuestros de la fábrica Ford
>> Recurso >> Archivo oral, reconstrucción y testimonios de la Causa Ford
%%%
Estudio de casos: la familia Francese-Bettini
Estudio de casos: la familia Francese-Bettini
“Primero fue mi hijo, después mi marido y mi yerno. Luego mi madre.” Marta del Carmen Francese de Bettini relató ayer en la primera audiencia del año del juicio “para conocer la verdad” (es decir sin consecuencias penales) que sigue la Cámara federal de La Plata la historia de su familia, destruida por la última dictadura militar. Su hija Marta Mercedes y el abogado Angel Miretta Mendizábal completaron el relato, que aportó datos sobre varios aspectos del terrorismo de Estado: los entierros clandestinos, la complicidad de la jerarquía eclesiástica, los saqueos y los secuestros extorsivos.
La tragedia de la familia Bettini comenzó el 8 de noviembre de 1976, cuando fue secuestrado Marcelo, de 21 años. Su padre, Antonio, un reconocido abogado de La Plata que en esa época se desempeñaba como fiscal federal, consiguió entrar a la morgue policial. Allí no encontró a su hijo, pero vio varios cadáveres, cada uno tenía un cartel colgando del dedo gordo del pie con la fecha en que el cuerpo debía “aparecer” en algún lugar como “muerto en enfrentamiento”. Marta Mercedes, hermana de Marcelo, estaba casada con el teniente de fragata Jorge Devoto, quien preguntó a sus compañeros sobre el destino de su cuñado. Marta del Carmen, la madre del joven desaparecido, probó suerte con los miembros de la Iglesia, confiándose en la militancia católica de su familia.
A través de las gestiones de Devoto, los Bettini se enteraron de que Marcelo figuraba en un radiograma interno como muerto en un enfrentamiento. Antonio Bettini se entrevistó con el comisario Juan Pachelú, quien les informó que el cuerpo del joven figuraba como NN en una fosa del cementerio de La Plata. “Estaba enterrado con otros cadáveres, Jorge fue a reconocer el cuerpo y encontró también los restos de un amigo de mi hijo”, dijo Marta del Carmen frente al tribunal. El cuerpo de Marcelo fue enterrado en el panteón familiar. Alfredo Temperoni, chofer de los Bettini, fue secuestrado y estuvo detenido diez días en La Cacha. El 18 de marzo de 1977, en La Plata, mientras Bettini y Devoto trataban de averiguar qué había pasado con él, su auto fue interceptado por otro coche. A los gritos, varias personas se subieron al auto y los llevaron al Bosque de La Plata. Allí Bettini fue encapuchado y subido a otro coche. A Devoto lo dejaron en el lugar. Esa misma noche los militares allanaron y saquearon la casa de los Devoto, buscando al teniente de fragata, aunque unas horas antes lo habían tenido en su poder. Devoto todavía confiaba en su arma y estaba convencido de que el secuestro de su suegro había sido “un error”. Tres días después de la desaparición de Bettini fue al Edificio Libertad para hablar con sus superiores. “Llorando le pedí que no fuera, pero no hizo caso. Esa fue la última vez que lo vi”, relató su suegra. Devoto fue secuestrado durante su visita a la sede de la Armada.
Por testimonios de sobrevivientes –entre ellos el de Nelva Falcone, que ya declaró en este juicio, y el del chofer Temperoni, que fue detenido por segunda vez– los Bettini pudieron saber que Antonio estuvo secuestrado en La Cacha y que luego fue trasladado a la Escuela de Mecánica por pedido de la Marina. De Devoto no supieron nada aunque la Armada reconoció que lo tenía secuestrado, pues avisaron que iban a pedir un rescate. Pero no hubo novedades hasta 1997, cuando el ex marino Adolfo Scilingo habló de “los vuelos de la muerte”. Ante el juez español Baltasar Garzón, Scilingo declaró que los detenidos eran sedados antes de ser arrojados al mar pero que en el caso de Devoto lo tiraron consciente porque era considerado un traidor. La declaración del ex marino fue aportada por Marta Mercedes, quien además citó el testimonio del “arrepentido” Orestes Vaello ante la Conadep, en donde se detalla el accionar y la composición del grupo de tareas 3.2 que funcionaba en La Plata.
Marta del Carmen y sus dos hijos vivos (Marta Mercedes y Claudio) se fueron a Uruguay, pero temiendo por el accionar conjunto de las Fuerzas Armadas del Cono Sur viajaron a Brasil y finalmente se instalaron en Europa. La pesadilla no había terminado. El 3 de noviembre de 1977 secuestraron a María Mercedes Hourquebie de Francese, de 77 años, madre de Marta del Carmen. El general Ramón Camps justificó esta detención con el argumento de que esa señora “aportaba plata para la campaña de los montoneros en el exterior”. Algunos miembros de la misma familia habían hecho esta denuncia a los militares para, presumiblemente, quedarse con los bienes de los Bettini Francese.
Estudio de casos: Aurelia Tejerina de la Rosa
Aurelia Tejerina de la Rosa es sobreviviente de El Cilindro, el centro clandestino de detención que funcionó en el Batallón de Municiones 601 de Los Polvorines en tiempos del dictadura militar. Ella vive en Pablo Nogués, y testimonió ante la CONADEP hace más de quince años. Fue secuestrada una noche de fines de abril de 1978, quince días después que su marido, Jesús Lautaro de la Rosa, fuera llevado por un grupo de tareas para nunca más aparecer.
El 27 de julio de 1976 había sido secuestrado su cuñado Gerardo César de la Rosa, y el 29 de marzo de 1977 desapareció su hermano Juan Domingo Tejerina Colombres, quien vivía en Moreno y habría sido visto en la ESMA. Sus vecinos fueron testigos del secuestro por parte de militares y personas vestidas de civil, cuando fue sacada de su casa encapuchada, subida a una camioneta y perderse en la noche.
La noche del secuestro, Aurelia Tejerina fue subida a una camioneta y, según su testimonio en la CONADEP, recuerda perfectamente el recorrido, que le permite concluir que fue alojada en el Batallón de Municiones. Ante la CONADEP, cuyos folios firma de puño y letra, describe las maniobras que realiza el rodado para llegar al lugar, que se encontraba a pocas cuadras de su casa. "Deduce que era la calle Salta por el ruido de una alcantarilla que siempre está con agua. Cruza las vías del ferrocarril Belgrano que inmediatamente dobla a la derecha. Después de un breve trayecto doblan a la derecha, cruzan por segunda vez la vía y siente una campanilla y la voz de una persona que dice "¡Alto!, ¿quién es?". La respuesta fue: "Capitán Griego o Gringo" (no recuerda). Escuchó ladridos de perros (esto se ve desde el tren). Sigue un trayecto corto y la bajan.
Camina unos pasos, pasa por una puerta corrediza (que ve desde adentro) color marrón, baja unos cuatro escalones y la depositan en el piso, sobre una colchoneta. Ante la misma comisión describió el lugar. "Cuando no sintió más ruidos de botas se levantó la capucha y vio un recinto muy grande, con techo de chapa a dos aguas, con un cilindro de hierro de 0,80 centímetros de altura, del cual salían cadenas, en forma radiada. La longitud de cada cadena no pudo observarlas, pero pudo ver hasta 10 metros. En dichas cadenas se encontraban engrillada una persona cada metro, en dos sentidos". Luego de estar varias horas confirmó su conclusión desde el baño del lugar donde estaba detenida, que se encontraba fuera del recinto antes descrito. "Desde allí pudo ver a través de unos ventanales la ruta 197, donde vio pasar el colectivo 365, el F.C. Belgrano, una cancha de fútbol con conscriptos jugando, una laguna, galpones, colectivo verde".
Al describir la situación que se vivía en el centro clandestino de detención recordó que ella se encontraba sobre una colchoneta color verde, desde donde sentía gritos de terror. "Cuando la llevaron a declarar le sacaron las vendas de los ojos y vio que había mucha gente encapuchada declarando en un pasillo largo y que había escritorios. Le preguntaron en qué trabajaba su esposo (había sido secuestrado); en qué andaba su hermano y le dijeron que no busque a su marido porque estaba muerto, que si no los delataba, la soltaban a la noche". Más adelante explica que "la llevaron adentro, y oía pedir socorro, llamen a un médico, agua, comida. Sentía pasos de botas, un golpe y se callaban las mujeres y hombres. Oía gritos de niños.
Cuando llegó la noche (23 o 23:30) se levantó la capucha y vio atemorizada cantidad de gente, "a los que a unos le faltaba el pie, otros los brazos, ojos morados, manos, en el piso había sangre; al lado suyo había una mujer embarazada de 22 o 23 años que la llevaron y no la trajeron. Atrás de sus espaldas había niños de 2 o 3 años que lloraban". Relató que fue sacada del lugar "esa misma noche, a las 2 o 3 de la mañana, sintió botas (tenía un número que cree era el 345), le pusieron un saco y la llevaron entre dos hombres hasta un coche color azul. La dieron varias vueltas, la dejaron en la ruta, en San Martín, en una zanja, que había unos tubos. Se sacó la cinta adhesiva que le cubría los ojos y vio el Falcon color azul que se alejaba". Ante la CONADEP, a mediados de los 80, explicó que "cambió de domicilio y nunca más fue molestada". En cuanto a su testimonio "es la primera vez que la realiza porque tenía miedo en su persona, por haber sido amenazada".
Actualmente la mujer vive en la misma casa de donde la secuestraron y recibe un sueldo del municipio de Malvinas Argentinas, a través de uno de los planes sociales de la Provincia. La llevaron a limpiar el batallón el año pasado, pero se puso a llorar y se descompuso al recordar su cautiverio. La Comisión de la Memoria, a través de funcionarios municipales, la entrevistó durante el mes de enero, pero hasta el momento nunca se dio a conocer públicamente su testimonio. Hubo profesores de la UNGS que conocían el caso e incluso se entrevistaron con la mujer, pero nunca lo dieron a conocer al público ni propusieron de manera firme evitar la destrucción de las posibles pruebas que aún se conservaban en el batallón hasta la semana pasada. No se descarta que existan otros testimonios, entre ellos el que figura en el informe "Nunca Más", donde una persona reconoce el lugar pues encuentra una frase que había escrito mientras estuvo allí y que decía : "Dios mío ayúdame".
>> Recurso >> El testimonio de la sobreviviente del CCD que funcionó en la unidad del Ejército en Los Polvorines
>> Recurso >> Aurelia Tejerina, única sobreviviente del CCD "El Cilindro"
%%%
Estudio de casos: Ana María Martínez
Cuando un compañero de Astilleros Astarsa en plena jornada de trabajo le dijo “la agarraron a Rosalía”, Carlos Moreira no pensó lo peor. “Parecía que a esa altura las cosas se habían calmado un poco. Había habido una marcha importante a San Cayetano en el 81, con las Madres, con Ubaldini. Supuse que estaría detenida”, recordó a este diario. Ana María Martínez, militante del Partido Socialista de los Trabajadores y trabajadora metalúrgica, había sido secuestrada en la puerta de su casa, en San Martín, el 4 de febrero de 1982 a la nochecita y apareció a los siete días. Muerta. Los crímenes que sufrió llegaron a juicio oral y público, luego de una batalla “permanente por memoria, verdad y justicia” de sus compañeros de militancia y familiares.
“Exijo Justicia para Ana María”, aseguró la cuñada de la única víctima del debate oral que inauguró el Tribunal Oral Federal Nº 5 de San Martín, frente al que responden como acusados dos integrantes de la estructura de poder que manejó Campo de Mayo: Raúl Pascual Muñoz y Norberto Apa, jefe de Personal y jefe del Servicio de Inteligencia, respectivamente. Carmen Metrovich fue la primera testigo del juicio. Contó “cómo era Ana María, esa supermilitante, y todo lo que pasamos en su familia desde que se la llevaron hasta hoy”.
“Vaya a lo que vaya a ser, si estos asesinos son sentenciados o no, el poder reivindicarla frente a la Justicia fue muy importante”, reflexionó horas después del esperado testimonio.
Carmen y Titín son dos integrantes de la Comisión Ana María Martínez, que desde 2012 trabaja para reconstruir el caso y aportar pruebas a la causa judicial que el jueves pasado llegó a los Tribunales de San Martín. El expediente había sido abierto a partir de una denuncia presentada por el primer compañero de Martínez con el respaldo jurídico de Pablo Llonto. “Nos sumamos a ese trabajo judicial. Yo sabía que mi cuñada militaba en el PST junto con mi hermano (José Metrovich), pero de sus compañeros solo sabíamos sus sobrenombres. El que emprendimos fue un trabajo de hormiga hasta dar con cada dato que posibilitó que hoy estemos acá”, describió Carmen. Resta aún que la Justicia de primera instancia complete una segunda etapa de la causa, aquella que investiga la intervención de la Policía bonaerense en el secuestro y el asesinato de la militante.
Martínez había nacido el 10 de noviembre de 1950 en Mar del Plata. Allí creció, estudió y comenzó a militar. Se casó. Y de allí debió huir en 1976, tras un gran golpe que la dictadura dio al espacio que integraba, el Partido Socialista de los Trabajadores.
“Vino desde Mar del Plata y no tardó mucho en reincorporarse a la lucha”, destacó Moreira. Martínez se estableció en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde trabajó en varias fábricas. La última fue la metalúrgica DEA. Y se reenganchó a la militancia. Allí conoció a Titín y a otros militantes. “Era una mina alegre y muy comprometida, un cuadrazo”, la recordó el hombre, uno de sus compañeros en el grupo de militancia del PST de San Martín del que “Rosalía” (seudónimo de Martínez) era cabeza. “Era arriesgada, se jugaba por sus compañeros como pocos”, continuó. A modo de ejemplo trajo de su memoria las visitas que la militante hacía a las familias de tres compañeros que meses antes de su secuestro habían sido detenidos con panfletos, revistas, periódicos de la organización.
En el norte del Conurbano también conoció a su nuevo compañero, José Metrovich, con quien convivió los últimos años de su vida en Villa de Mayo, partido de Malvinas Argentinas.
El 4 de febrero de 1982 “dos tipos la agarraron cuando salía de su casa y la metieron en un auto”. Fue la última vez que su familia y sus compañeros la vieron con vida. Su cuerpo apareció el 11 de febrero, semienterrado a orillas del Canal Villanueva, en Tigre. Tenía un balazo en la cabeza y otro en la panza. Estaba embarazada de tres meses. Llevaba varios días allí, según determinaron los informes forenses.
El caso, según rememoró Moreira, “fue muy llamativo aquellos días. Fue la primera vez que los medios de comunicación llamaron ‘militante’ a una víctima de la dictadura después de años de calificarnos de ‘subversivos’. Hubo solicitadas pidiendo por su aparición en los días previos al hallazgo de su cuerpo que hasta firmó Jorge Luis Borges”, completó.
No bien supo que su compañera había sido secuestrada, José “pasó a la clandestinidad”, contó su hermana: “Con la ayuda de compañeros viajó a Mar del Plata para contarle a la familia de Ana María lo que había ocurrido. Pasaron varios meses hasta que pudo recuperar el ritmo de vida, pero no dejó de intentar saber quién la había matado”. Falleció en 2010, “justo cuando había retomado el impulso para saber qué había pasado con Ana María”, completó la mujer. Ella lo hizo por los dos.
Después de lo ocurrido con Martínez, el colectivo militante del PST que ella lideraba en zona norte comenzó a sospechar que entre sus integrantes había un infiltrado. “Nunca tuvimos pruebas hasta que aparecieron los archivos de la Dipba”, señaló Moreira. Tras revisar el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires, la Comisión Provincial por la Memoria encontró el informe que probó las sospechas.
Infiltrado como un trabajador más, el agente de inteligencia Juan Pedro Peters informó a la Dirección cada movimiento del grupo. “De la única que había fotografía era de Ana María. Del resto, Peters daba sobrenombres, chapa patentes, y demás datos. Pero de ella tenía incluso fotos, que según el informe había obtenido gracias a un camión aportado por Campo de Mayo”, detalló Titín. Para cuando aparecieron los documentos, Peters había fallecido. Hasta no mucho tiempo antes había sido comisario de San Martín.
En el informe de la Dipba, el infiltrado incluso le agradece a Apa, uno de los acusados en el juicio, la logística aportada. Los miembros de la Comisión Ana María Martínez advirtieron que tanto éste como el otro represor de Campo de Mayo acusados en el debate “no podían no saber” de la cacería de la militante ni de su final. En el momento de los hechos, Apa era jefe del Destacamento 201 de Inteligencia del Comando de Institutos Militares y Raúl Guillermo Pascual Muñoz, jefe del Departamento de Personal G1 del Comando de Institutos Militares. Había un imputado más, Héctor Luis Ríos Ereñú, que en 1982 era jefe del Departamento de Operaciones G3 del comando de Institutos Militares, pero falleció en 2017. Ya había sido condenado por delitos de lesa humanidad.
“Eran dos integrantes de la parte jerárquica de la estructura represiva” en la zona norte del Gran Buenos Aires. “Nada de lo que pasaba allí era desconocido por Campo de Mayo, la Policía no actuaba por motu proprio”, añadieron. Resta aún afinar en la Justicia la vinculación de “la pata policial” en los hechos.
>> Recurso >> Una de las últimas víctimas del horror
%%%
Estudio de caso: María José Lavalle Lemos
María José Lavalle Lemos nació el 2 de septiembre de 1977 durante el cautiverio de su madre, Mónica María Lemos, en el centro clandestino “Pozo de Banfield”. Mónica fue secuestrada el 21 de julio de ese año, embarazada de ocho meses, junto con su esposo, Gustavo Antonio Lavalle, y la hija de ambos, María, de poco más de un año de edad, en la localidad bonaerense de José C. Paz. La pequeña María permaneció desaparecida varios días hasta que fue entregada a unos vecinos y luego se reencontró con sus abuelos. Pudo saberse que Mónica, Gustavo y María estuvieron detenidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo. Luego, ya sin su hija, la pareja fue llevada al Pozo de Banfield, donde nació María José.
A partir de 1985 Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a recibir denuncias acerca de una sargento de la policía bonaerense que prestaba servicios en la Brigada de Investigaciones de San Justo, Teresa González, quien junto a su esposo, Nelson Rubén, tenían una niña inscripta como hija propia. En 1986 se inició una causa penal en el Juzgado Federal de Morón que siguió su curso hasta que, finalmente, el juez ordenó el allanamiento y la pericia genética. El 30 de octubre de 1987 se obtuvieron los resultados que confirmaron que la niña era hija de Mónica y Gustavo. María José fue restituida a su familia y vivió desde entonces con su hermana y su abuela materna. Sus padres continúan desaparecidos.
Mónica nació el 18 de octubre de 1951 en la ciudad de Buenos Aires. Gustavo el 5 de marzo de 1955 en la misma ciudad. Sus amigos le decían "El Flaco". El 12 de abril de 1976 nació la primera hija de la pareja, María. Mónica tenía militancia de orientación trotskista. Sus compañeros la llamaban "María". Gustavo integraba la organización Montoneros. Lo apodaban "José" o "Fierrito". Mónica era geóloga y maestra, Gustavo estudiaba Filosofía y realizaba artesanías con cuero. Desde diciembre de 1975, vivían en el barrio San Fernando de José C. Paz, en la intersección de las calles 18 de octubre y 3 de febrero.
La apropiadora de María José, inicialmente, pretendía quedarse con María, pero le sugirieron que esperara un poco y se adueñara de la recién nacida. De hecho, presenció el parto y le puso su pecho a la beba para que recordara su olor. La perversidad de la mujer era tal que llevaba consigo a María José, de niña, a la Brigada de San Justo, el mismo sitio donde habían torturado a sus padres. “Son muchos años que viví con otra gente, gente extraña, que además había dañado a mi propia familia –afirmó María José, conocida por todos como Cocó–. Que nos hayan sacado de nuestras familias y que nos hayan privado de su crianza era parte del plan político de la dictadura. Impusieron un cambio de dirección en nuestras vidas”.
%%%
Carta abierta de un escritor a la Junta Militar
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. […] Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados. De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres represivas de anteriores dictaduras. [...] A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".
Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar 11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron. [...] Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977